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............... Va sola por la calle. Vive sola. Da la impresión de que siempre ha estado sola. Tiene la piel de la cara acartonada como un pergamino. Se pinta mucho. Lleva una rebeca que no es de su talla. Le sobra rebeca por todos lados. Lleva un bolso demasiado grande. Se sienta en un banco de la plaza, saca un libro y se pone a leer. Parece que habla sola pero es que mueve los labios cuando lee. Tiene hinchados los pies. Me han dicho que cuida a una hermana que está internada. Va a verla los domingos por la mañana y los jueves por la tarde, que son días de visita. La hermana no habla. Se miran. Ella le acaricia las manos de vez en cuando. Luego coge un autobús y regresa a su casa. Nadie sabe de su soledad. Nadie sabe nada de nadie.
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Del libro de Estalinda Lamar, Los márgenes, la vida (Ed. El Risco, Islas Estrafalarias, 2004, pág. 79).
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Del libro de Estalinda Lamar, Los márgenes, la vida (Ed. El Risco, Islas Estrafalarias, 2004, pág. 79).
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4 comentarios:
Un relato entero al servicio de la última frase, tan certera y contundente que es imposible no asociarla a muchos momentos de la vida propia y ajena.
Abrazos, feliz fin de semana.
Dicen que es mejor no revelar las claves de la historia, sino que sea el lector o lectora el que los descubra. A esta autora le gusta dar esas claves, a mí, en ocasiones, también. Un saludo Susana. Voy a ver de qué habéis hablado este viernes...
Todas las imágenes llevan sin remisión hasat esa última frase, hacia esa soledad.
Besitos
Y también hacia la ignorancia de la soledad. Siempre hablamos de la soledad en singular pero yo creo que habría que hablar de las soledades. En todo caso yo creo que desconocemos a las personas que nos rodean.
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