domingo, 11 de diciembre de 2011

Breve tratado de humor negro forense (Juan Yanes)

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Edmund Leveckis
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Breve tratado de humor negro forense
Juan Yanes
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Los forenses, las autopsias, los tanarorios, las morgues, los depósitos de cadáveres existen gracias a la novela negra.

Había un forense que dejaba los cadáveres más hermosos del mundo.

Los forenses hacen congresos clandestinos.

El pobre forense que tenía una charcutería, se arruinó.

Estoy convencido que hay forenses en el cielo, para hacerle la autopsia al alma.

Aquel forense tan profesional que se hizo la autopsia a sí mismo.

Incomprensiblemente, el forense se olvidó el serrucho en el epidídimo del occiso.

Los forenses timoratos hacen la autopsia con los cadáveres vestidos.

Había tomado dieciocho venenos distintos, para despistar a los forenses.

Hay un asesino que sólo actúa cuando el forense está de vacaciones.

Procusto tenía vocación de forense o, cuando menos, de traumatólogo.

Por regla general, los forenses propenden a ser vegetarianos.

La actividad de los forenses es un servicio público, pero se hace más bien en un lugar secreto.

Aquel forense cosía haciendo el dobladillo y punto cruz.

Antes de empezar, el cadáver le dijo al forense: hazlo con cariño, cariño.

El forense asesino declaró en su informe que a la víctima la habían matado de manera científica.

Confundía al forense con el taxidermista.

Cuando al propio forense le fueron a hacer la autopsia, alegó intrusismo profesional.

Deberían hacer las autopsias con laser, y evitar esos destrozos y ponerlo todo perdido.

Donó su cuerpo a la ciencia para que los gusanos no tuvieran demasiado trabajo.

Hacía la autopsia con anestesia para que el cadáver no sufriera.

Cuando le hicieron la autopsia al Lobo de Caperucita encontraron no sólo a su abuelita, sino también a Charles Perrault y a los hermanos Grimm.

El informe forense era concluyente: aquel cadáver estaba vivo.

Como los informes forenses eran divergentes, el propio difunto tuvo que decidir.

Adso de Melk apareció muerto con la lengua negra. Todos miraron a Guillermo de Baskerville como diciendo, vaya un detective.

Mi tío el forense dice que no es conveniente diseccionar más de dos cadáver simultáneamente, para evitar en lo posible mezclar las cosas de uno con las del otro.

Al hacerle la autopsia, aparecieron en un rincón todos los secretos que el difunto había guardado celosamente durante su vida.

Cuando el forense la conoció, le dijo que trabajaba en una floristería.

Seguro que el forense no sabe dónde está la axila triaxial. Me la acabo de inventar.

Todo sería más sencillo si tuviéramos una caja negra y un tacómetro dentro del organismo. Ese fue un fallo de diseño garrafal.

Conviene evitar la compañía de los forenses: son capaces de hacernos la autopsia en vivo. (Elías Moro)

Odio tanto ir al médico que voy directamente al forense, cada vez que me siento morir. (Jesús Esnaola)

Lo siento, no puedo continuar debido al intenso olor a formol. (Angela Schnoor)
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Hace algunas fechas colgué un texto de Elías Moro Cuéllar donde aparecen los foronses. Ese texto fue la inspiración de éste.
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8 comentarios:

Angela dijo...

Quase cheguei ao final. Não pude continuar devido ao intenso odor de formol!

Elías dijo...

Espléndido tratado, Juan.
eso sí, yo evitaría la companía de los forenses durante un tiempo:
son capaces de hacernos la autopsia en vivo.

Genial ese del que se hace la autopsia a sí mismo.
O el piadoso de la anestesia.
O el del asesino de las vacaciones.

Bueno, paro ya, porque si no los pondría todos.

Abrazo.

Jesus Esnaola dijo...

Jejeje, estupendo tratado. Un poco de humor negro para empezar la semana es una opción genial.

Aporto uno, si me permites:

"Odio tanto ir al médico que voy directamente al forense, cuando me siento morir."

Abrazos, Juan.

Juan Yanes dijo...

Gracias amigos por la crítica constructiva y por las aportaciones. Ya están congadas...

Jesús, yo hubiera dicho... "cada vez que me siento morir". Yo creo que morimos muchas veces a lo largo de la vida ¿no?

Jesus Esnaola dijo...

Sí, me gusta tu versión, Juan.

Maria Coca dijo...

Un tratado con mucho humor. Algunas citas son estupendas. Muy original (y que me perdonen los forenses)

Un abrazo, Juan.

Juan Yanes dijo...

Gracias María. Sí es que es una profesión que al resto de los mortales nos impone mucho, ¿verdad? Yo creo que ellos lo tienen más que asumido. Por cierto, no conozco ninguna mujer forense...

Elías dijo...

¡Qué morbo, Juan, una mujer forense!