Máquina de coser palabras
Microrrelatos, crítica de la vida cotidiana y de otras criaturas veloces, por Juan Yanes
viernes, 1 de junio de 2012
jueves, 31 de mayo de 2012
Ese imperceptible movimiento al que llaman vida (Aude)
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El sol desciende lentamente sobre el río y llena la mansión de una luz de color ocre y azafrán. Justine hace girar una mandarina entre sus manos. Apoyada contra el marco de la puerta vidriera, observa cómo una tardía bandada de avutardas se aleja hacia al norte. El adagio de Mozart que está escuchando le llega a través de los gritos gangosos de las ocas. Con una uña rasca hasta romperla la piel de la mandarina, que enseguida expande su aroma.
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Tomado del libro de Aude (Claudette Charbonneau-Tissot, Montreal, 1947) Ese imperceptible movimiento (Ediciones de Intervención Cultural/Montesinos, Barcelona, 2008, pág. 99).
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El sol desciende lentamente sobre el río y llena la mansión de una luz de color ocre y azafrán. Justine hace girar una mandarina entre sus manos. Apoyada contra el marco de la puerta vidriera, observa cómo una tardía bandada de avutardas se aleja hacia al norte. El adagio de Mozart que está escuchando le llega a través de los gritos gangosos de las ocas. Con una uña rasca hasta romperla la piel de la mandarina, que enseguida expande su aroma.
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Tomado del libro de Aude (Claudette Charbonneau-Tissot, Montreal, 1947) Ese imperceptible movimiento (Ediciones de Intervención Cultural/Montesinos, Barcelona, 2008, pág. 99).
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Aude
miércoles, 30 de mayo de 2012
El indignado (Eduardo Galeano)
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..... Ocurrió en España, en un pueblo de La Rioja, en el anochecer de hoy del año 2011, durante la procesión de Semana Santa.
..... Una multitud acompañaba, callada, el paso de Jasucristo y los soldados romanos que lo iban castigando a latigazos.
..... Y una voz rompió el silencio.
..... Montado en los hombros de su padre, Marcos Rabasco gritó al azotado:
..... —¡Defiéndete! ¡Defiéndete!
..... Marcos tenía dos años, cuatro meses y veintiún días de edad.
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Tomado del libro de Galeano, Los hijos de los días (SigloXXI de España Editores, Madrid, 2012, pág.135).
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..... Ocurrió en España, en un pueblo de La Rioja, en el anochecer de hoy del año 2011, durante la procesión de Semana Santa.
..... Una multitud acompañaba, callada, el paso de Jasucristo y los soldados romanos que lo iban castigando a latigazos.
..... Y una voz rompió el silencio.
..... Montado en los hombros de su padre, Marcos Rabasco gritó al azotado:
..... —¡Defiéndete! ¡Defiéndete!
..... Marcos tenía dos años, cuatro meses y veintiún días de edad.
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Tomado del libro de Galeano, Los hijos de los días (SigloXXI de España Editores, Madrid, 2012, pág.135).
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Galeano Eduardo
martes, 29 de mayo de 2012
Gaviota (Estalinda Lamar)
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Y aquí me tienen a mí y al resto de las colegas que no sabemos lo que son las mafias financieras, ni los saqueadores de las arcas públicas. Que por no saber, no sabemos lo que es una hipoteca subprime, ni lo que es el paro, ni la flexibilidad del mercado laboral, ni la inflación, ni la estanflación, ni la prima de riesgo, ni la economía del miedo, ni el afloramiento de activos tóxicos, ni los contratos basura, ni los contratos blindados. Lo siento de verdad, pero mi ignorancia y la de mis colegas es enciclopédica. Oímos hablar de la crisis y del desplome bancario, pero no sabemos lo que es, ni sabemos lo que es el rescate público, ni la cuenta de resultado, ni tenemos claro el concepto de auditoría, ni sabemos lo que son los bonos basura, ni las agencias de riesgo, ni el crecimiento de la morosidad, ni la recesión, ni lo que es el sistema monetario, ni la crisis inmobiliaria, ni la burbuja del ladrillo, ni los mercados de financiación, ni las inyecciones de capital a fondo perdido, ni los fondos de inversión, ni las acciones, ni siquiera lo que son los títulos de renta fija. No sabemos lo que es el neoliberalismo, ni las políticas neoliberales de austeridad, ni la subordinación de la política a los intereses de las oligarquías financieras... ¿Y saben por qué? Por que nosotras, las gaviotas, somos sólo naturaleza. Sentimos las levísimas variaciones de las corrientes que recorren el aire, y abrimos las alas y el vuelo para abarcar toda las luz del día, pero no sabemos lo que es el bien y el mal, ni entendemos el sufrimiento humano, ni el dolor.
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Texto enviado por correo electrónico urgente por Estalinda Lamar, asidua colaboradora de este blog.
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Y aquí me tienen a mí y al resto de las colegas que no sabemos lo que son las mafias financieras, ni los saqueadores de las arcas públicas. Que por no saber, no sabemos lo que es una hipoteca subprime, ni lo que es el paro, ni la flexibilidad del mercado laboral, ni la inflación, ni la estanflación, ni la prima de riesgo, ni la economía del miedo, ni el afloramiento de activos tóxicos, ni los contratos basura, ni los contratos blindados. Lo siento de verdad, pero mi ignorancia y la de mis colegas es enciclopédica. Oímos hablar de la crisis y del desplome bancario, pero no sabemos lo que es, ni sabemos lo que es el rescate público, ni la cuenta de resultado, ni tenemos claro el concepto de auditoría, ni sabemos lo que son los bonos basura, ni las agencias de riesgo, ni el crecimiento de la morosidad, ni la recesión, ni lo que es el sistema monetario, ni la crisis inmobiliaria, ni la burbuja del ladrillo, ni los mercados de financiación, ni las inyecciones de capital a fondo perdido, ni los fondos de inversión, ni las acciones, ni siquiera lo que son los títulos de renta fija. No sabemos lo que es el neoliberalismo, ni las políticas neoliberales de austeridad, ni la subordinación de la política a los intereses de las oligarquías financieras... ¿Y saben por qué? Por que nosotras, las gaviotas, somos sólo naturaleza. Sentimos las levísimas variaciones de las corrientes que recorren el aire, y abrimos las alas y el vuelo para abarcar toda las luz del día, pero no sabemos lo que es el bien y el mal, ni entendemos el sufrimiento humano, ni el dolor.
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Texto enviado por correo electrónico urgente por Estalinda Lamar, asidua colaboradora de este blog.
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Lamar Estalinda
lunes, 28 de mayo de 2012
La historia según Pao Cheng (Salvador Elizondo)
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............... En un día de verano, hace más de tres mil quinientos años, el filósofo Pao Cheng se sentó a la orilla de un arrollo a adivinar su destino en el caparazón de una tortuga. El calor y el murmullo del agua pronto hicieron, sin embargo, vagar sus pensamientos y olvidándose poco a poco de las manchas del carey, Pao Cheng comenzó a inferir la historia del mundo a partir de ese momento. “Como las ondas de este arroyuelo, así corre el tiempo. Este pequeño cauce crece conforme fluye, pronto se convierte en un caudal hasta que desemboca en el mar, cruza el océano, asciende en forma de vapor hacia las nubes, vuelve a caer sobre la montaña con la lluvia y baja, finalmente, otra vez convertido en el mismo arroyo…” Este era, más o menos, el curso de su pensamiento y así, después de haber intuido la redondez de la tierra, su movimiento en torno al sol, la traslación de los demás astros y la propia rotación de la galaxia y del mundo, “¡Bah! —exclamó— este modo de pensar me aleja de la Tierra de Han y de sus hombres que son el centro inamovible y el eje en torno al que giran todas las humanidades que en él habitan…” Y pensando nuevamente en el hombre, Pao Cheng pensó en la Historia. Desentrañó, como si estuvieran escritos en el caparazón de la tortuga, los grandes acontecimientos futuros, las guerras, las migraciones, las pestes y las epopeyas de todos los pueblos a lo largo de varios milenios. Ante los ojos de su imaginación caían las grandes naciones y nacían las pequeñas que después se hacían grandes y poderosas antes de ser abatidas a su vez. Surgieron también todas las razas y las ciudades habitadas por ellas que se alzaban un instante majestuosas y luego caían por tierra para confundirse con la ruina y la escoria de innumerables generaciones. Una de estas ciudades entre todas las que existían en ese futuro imaginado por Pao Cheng llamó poderosamente su atención y su divagación se hizo más precisa en cuanto a los detalles que la componían, como si en ella estuviera encerrado un enigma relacionado con su persona. Aguzó su mirada interior y trato de penetrar en los resquicios de esa topografía increada. La fuerza de su imaginación era tal que se sentía caminar por sus calles, levantando la vista azorado ante la grandeza de las construcciones y la belleza de los monumentos. Largo rato paseó Pao Cheng por aquella ciudad mezclándose a los hombres ataviados con extrañas vestiduras y que hablaban una lengua lentísima, incomprensible, hasta que pronto se detuvo ante una casa en cuya fachada parecían estar inscritos los signos indescifrables de un misterio que lo atraía irresistiblemente. A través de una de las ventanas pudo vislumbrar a un hombre que estaba escribiendo. En ese mismo momento Pao Cheng sintió que allí se dirimía una cuestión que lo atañía íntimamente. Cerró los ojos y acariciándose la frente perlada de sudor con las puntas de sus dedos alargados trató de penetrar, con el pensamiento, en el interior de la habitación en la que el hombre estaba escribiendo. Se elevó volando del pavimento y su imaginación traspuso el reborde de la ventana que estaba abierta y por la que se colaba una ráfaga fresca que hacía temblar las cuartillas, cubiertas de incomprensibles caracteres, que yacían sobre la mesa. Pao Cheng se acercó cautelosamente al hombre y miró por encima de sus hombros, conteniendo la respiración para que éste no notara su presencia. El hombre no lo hubiera notado pues parecía absorto en su tarea de cubrir aquellas hojas de papel con esos signos cuyo contenido todavía escapaba al entendimiento de Pao Cheng. De vez en cuando el hombre se detenía, miraba pensativo por la ventana, aspiraba un pequeño cilindro blanco y arrojaba una bocanada de humo azulado por la boca y por las narices, luego volvía a escribir. Pao Cheng miró las cuartillas terminadas que yacían en desorden sobre un extremo de la mesa y conforme pudo ir descifrando el significado de las palabras que estaban escritas en ellas, su rostro se fue nublando y un escalofrío de terror cruzó, como la reptación de una serpiente venenosa, el fondo de su cuerpo. ”Este hombre está escribiendo un cuento”, se dijo. Pao Cheng volvió a leer las palabras escritas sobre las cuartillas. “El cuento se llama La Historia según Pao Cheng y trata de un filósofo de la antigüedad que un día se sentó a la orilla de un arroyo y se puso a pensar en… ¡Luego yo soy un recuerdo de ese hombre y si ese hombre me olvida moriré…!”
............... El hombre, no bien había escrito sobre el papel las palabras “…si ese hombre me olvida moriré”, se detuvo, volvió a aspirar el cigarrillo y mientras dejaba escapar el humo por la boca, su mirada se ensombreció como si ante él cruzara una nube cargada de lluvia. Comprendió, en ese momento, que se había condenado a sí mismo, para toda la eternidad, a seguir escribiendo la historia de Pao Cheng, pues si su personaje era olvidado y moría, él que no era más que un pensamiento de Pao Cheng, también desaparecería.
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............... En un día de verano, hace más de tres mil quinientos años, el filósofo Pao Cheng se sentó a la orilla de un arrollo a adivinar su destino en el caparazón de una tortuga. El calor y el murmullo del agua pronto hicieron, sin embargo, vagar sus pensamientos y olvidándose poco a poco de las manchas del carey, Pao Cheng comenzó a inferir la historia del mundo a partir de ese momento. “Como las ondas de este arroyuelo, así corre el tiempo. Este pequeño cauce crece conforme fluye, pronto se convierte en un caudal hasta que desemboca en el mar, cruza el océano, asciende en forma de vapor hacia las nubes, vuelve a caer sobre la montaña con la lluvia y baja, finalmente, otra vez convertido en el mismo arroyo…” Este era, más o menos, el curso de su pensamiento y así, después de haber intuido la redondez de la tierra, su movimiento en torno al sol, la traslación de los demás astros y la propia rotación de la galaxia y del mundo, “¡Bah! —exclamó— este modo de pensar me aleja de la Tierra de Han y de sus hombres que son el centro inamovible y el eje en torno al que giran todas las humanidades que en él habitan…” Y pensando nuevamente en el hombre, Pao Cheng pensó en la Historia. Desentrañó, como si estuvieran escritos en el caparazón de la tortuga, los grandes acontecimientos futuros, las guerras, las migraciones, las pestes y las epopeyas de todos los pueblos a lo largo de varios milenios. Ante los ojos de su imaginación caían las grandes naciones y nacían las pequeñas que después se hacían grandes y poderosas antes de ser abatidas a su vez. Surgieron también todas las razas y las ciudades habitadas por ellas que se alzaban un instante majestuosas y luego caían por tierra para confundirse con la ruina y la escoria de innumerables generaciones. Una de estas ciudades entre todas las que existían en ese futuro imaginado por Pao Cheng llamó poderosamente su atención y su divagación se hizo más precisa en cuanto a los detalles que la componían, como si en ella estuviera encerrado un enigma relacionado con su persona. Aguzó su mirada interior y trato de penetrar en los resquicios de esa topografía increada. La fuerza de su imaginación era tal que se sentía caminar por sus calles, levantando la vista azorado ante la grandeza de las construcciones y la belleza de los monumentos. Largo rato paseó Pao Cheng por aquella ciudad mezclándose a los hombres ataviados con extrañas vestiduras y que hablaban una lengua lentísima, incomprensible, hasta que pronto se detuvo ante una casa en cuya fachada parecían estar inscritos los signos indescifrables de un misterio que lo atraía irresistiblemente. A través de una de las ventanas pudo vislumbrar a un hombre que estaba escribiendo. En ese mismo momento Pao Cheng sintió que allí se dirimía una cuestión que lo atañía íntimamente. Cerró los ojos y acariciándose la frente perlada de sudor con las puntas de sus dedos alargados trató de penetrar, con el pensamiento, en el interior de la habitación en la que el hombre estaba escribiendo. Se elevó volando del pavimento y su imaginación traspuso el reborde de la ventana que estaba abierta y por la que se colaba una ráfaga fresca que hacía temblar las cuartillas, cubiertas de incomprensibles caracteres, que yacían sobre la mesa. Pao Cheng se acercó cautelosamente al hombre y miró por encima de sus hombros, conteniendo la respiración para que éste no notara su presencia. El hombre no lo hubiera notado pues parecía absorto en su tarea de cubrir aquellas hojas de papel con esos signos cuyo contenido todavía escapaba al entendimiento de Pao Cheng. De vez en cuando el hombre se detenía, miraba pensativo por la ventana, aspiraba un pequeño cilindro blanco y arrojaba una bocanada de humo azulado por la boca y por las narices, luego volvía a escribir. Pao Cheng miró las cuartillas terminadas que yacían en desorden sobre un extremo de la mesa y conforme pudo ir descifrando el significado de las palabras que estaban escritas en ellas, su rostro se fue nublando y un escalofrío de terror cruzó, como la reptación de una serpiente venenosa, el fondo de su cuerpo. ”Este hombre está escribiendo un cuento”, se dijo. Pao Cheng volvió a leer las palabras escritas sobre las cuartillas. “El cuento se llama La Historia según Pao Cheng y trata de un filósofo de la antigüedad que un día se sentó a la orilla de un arroyo y se puso a pensar en… ¡Luego yo soy un recuerdo de ese hombre y si ese hombre me olvida moriré…!”
............... El hombre, no bien había escrito sobre el papel las palabras “…si ese hombre me olvida moriré”, se detuvo, volvió a aspirar el cigarrillo y mientras dejaba escapar el humo por la boca, su mirada se ensombreció como si ante él cruzara una nube cargada de lluvia. Comprendió, en ese momento, que se había condenado a sí mismo, para toda la eternidad, a seguir escribiendo la historia de Pao Cheng, pues si su personaje era olvidado y moría, él que no era más que un pensamiento de Pao Cheng, también desaparecería.
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Este magnífico cuento de Salvador Elizondo lo he tomado de El Portal
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domingo, 27 de mayo de 2012
Principio de realidad (Germán Hernández)
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………. Esa mujer que ven ahí cubriéndose el rostro con las manos es mi mujer. En todos estos años no ha hecho otra cosa que llorar.
………. No es la primera vez que regreso del trabajo y la encuentro así, no es la primera vez que empujo la puerta y encuentro este bien dispuesto escenario: la mesa lista, las camas tendidas, los pisos limpios, el aroma de la comida esparciéndose por la casa mientras ella demora su entrada a escena. Debo nombrarla, repetir su nombre con dulzura y decirle que estoy aquí, que ya llegué, hasta presentirla, fingiendo adivinar dónde buscarla, acercándome a la puerta del baño, tocando suavemente para decir soy yo, y escuchar cómo le quita el seguro a la puerta y la veo ahí acurrucada, llorando. La tomo de la mano, la saco de su escondite, la llevo al comedor y le acaricio el cabello, limpio sus lágrimas, la consuelo y le digo que tengo hambre, que me sirva.
………. Pero hoy, cuando entré ya estaba aquí.
………. Durante la juventud no sabía qué decirle, siempre temía equivocarme; sin embargo el tiempo generosamente me fue dando argumentos para las noches en que acabábamos de copular y se volvía para llorar sobre la almohada. No le estaba pidiendo nada más de lo que era su obligación, nunca la golpeé más de lo necesario, al fin y al cabo todas las mujeres lloran.
………. También, cuando salíamos juntos a comer a alguna fiesta, no tardaba en reconocer pronto aquellos gestos, cómo se descomponía poco a poco su felicidad reciente. Yo no tenía ningún problema en decirle un par de cosas, en insultarla, en dar portazos hacia la calle, siempre daba resultado.
………. Pero hoy al entrar, la vi ahí, cubriéndose el rostro con las manos, sentada en el comedor. El escenario ya no es el mismo. Al acercarme me he sentido desconcertado como en los primeros años. Esta vez llora con los mismos gemidos y lamentos de siempre, con las mismas lágrimas, pero esta vez, está llorando de verdad.
………. Siempre quise verla llorar de verdad, y ahora que han pasado más minutos de lo acostumbrado y se ha ido el hambre, la contemplo, nunca la había visto llorar de verdad, nunca creí... y ya no sé qué decirle.
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El cuento de Germán Hernández está tomado de su libro, Variaciones para una ficción (Colección Vieja y Nueva Narrativa Costarricense EUNED, San José de Costarrica, 2010, págs. 13 y 14). Mira su blog, Signo Roto .
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………. Esa mujer que ven ahí cubriéndose el rostro con las manos es mi mujer. En todos estos años no ha hecho otra cosa que llorar.
………. No es la primera vez que regreso del trabajo y la encuentro así, no es la primera vez que empujo la puerta y encuentro este bien dispuesto escenario: la mesa lista, las camas tendidas, los pisos limpios, el aroma de la comida esparciéndose por la casa mientras ella demora su entrada a escena. Debo nombrarla, repetir su nombre con dulzura y decirle que estoy aquí, que ya llegué, hasta presentirla, fingiendo adivinar dónde buscarla, acercándome a la puerta del baño, tocando suavemente para decir soy yo, y escuchar cómo le quita el seguro a la puerta y la veo ahí acurrucada, llorando. La tomo de la mano, la saco de su escondite, la llevo al comedor y le acaricio el cabello, limpio sus lágrimas, la consuelo y le digo que tengo hambre, que me sirva.
………. Pero hoy, cuando entré ya estaba aquí.
………. Durante la juventud no sabía qué decirle, siempre temía equivocarme; sin embargo el tiempo generosamente me fue dando argumentos para las noches en que acabábamos de copular y se volvía para llorar sobre la almohada. No le estaba pidiendo nada más de lo que era su obligación, nunca la golpeé más de lo necesario, al fin y al cabo todas las mujeres lloran.
………. También, cuando salíamos juntos a comer a alguna fiesta, no tardaba en reconocer pronto aquellos gestos, cómo se descomponía poco a poco su felicidad reciente. Yo no tenía ningún problema en decirle un par de cosas, en insultarla, en dar portazos hacia la calle, siempre daba resultado.
………. Pero hoy al entrar, la vi ahí, cubriéndose el rostro con las manos, sentada en el comedor. El escenario ya no es el mismo. Al acercarme me he sentido desconcertado como en los primeros años. Esta vez llora con los mismos gemidos y lamentos de siempre, con las mismas lágrimas, pero esta vez, está llorando de verdad.
………. Siempre quise verla llorar de verdad, y ahora que han pasado más minutos de lo acostumbrado y se ha ido el hambre, la contemplo, nunca la había visto llorar de verdad, nunca creí... y ya no sé qué decirle.
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El cuento de Germán Hernández está tomado de su libro, Variaciones para una ficción (Colección Vieja y Nueva Narrativa Costarricense EUNED, San José de Costarrica, 2010, págs. 13 y 14). Mira su blog, Signo Roto .
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Hernández Germán
sábado, 26 de mayo de 2012
Lazo mortal (Alejandra Pizarnik)
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Palabras emitidas por un pensamiento a modo de tabla del náufrago. Hacer el amor adentro de nuestro abrazo significó una luz negra: la oscuridad se puso a brillar. Era la luz reencontrada, doblemente apagada pero de algún modo más viva que mil soles. El color del mausoleo infantil, el mortuorio color de los detenidos deseos se abrió en la salvaje habitación. El ritmo de los cuerpos ocultaba el vuelo de los cuervos. El ritmo de los cuerpos cavaba un espacio de luz adentro de la luz.
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Tomado de Alejandra Pizarnik. Poesía completa (Editorial Lumen, Barcelona, 2001, pág. 279).
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Palabras emitidas por un pensamiento a modo de tabla del náufrago. Hacer el amor adentro de nuestro abrazo significó una luz negra: la oscuridad se puso a brillar. Era la luz reencontrada, doblemente apagada pero de algún modo más viva que mil soles. El color del mausoleo infantil, el mortuorio color de los detenidos deseos se abrió en la salvaje habitación. El ritmo de los cuerpos ocultaba el vuelo de los cuervos. El ritmo de los cuerpos cavaba un espacio de luz adentro de la luz.
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Tomado de Alejandra Pizarnik. Poesía completa (Editorial Lumen, Barcelona, 2001, pág. 279).
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Pizarnik Alejandra
jueves, 24 de mayo de 2012
Dos cuentos (Félix Terrones)
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Una vocación
Imaginación infantil
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El escritor peruano, residente en Francia, Félix Terrones, ha tenido la gentileza de mandarme estos dos formidables cuentos inéditos. Mira su blog, La tierra prometida; o mira, si te apetece, estas páginas de La nave de los locos: Félix Terrones I, Félix Terrones II; o ésta otra de Letralia, para que te hagas una idea del grosor intelectual del personaje.
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Dos cuentos
de
Félix Terrones
.de
Félix Terrones
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Una vocación
.......... Como de costumbre, le abrió la puerta mi madre. Los escuché cuchichear, de seguro ella le decía que me encontraba arriba, que lo estaba esperando desde hacía rato, por qué se había demorado tanto. Ya habíamos leído a los franceses, también a los alemanes y los ingleses; incluso nos habíamos dado tiempo para leer a los rusos y los italianos. Con esa inocente, apasionada y ciega actitud que tienen quienes cumplen aquello que se han determinado, habíamos leído a todos los escritores que considerábamos cruciales para toda formación literaria. Ahora nos tocaba a nosotros empezar a escribir, tomar el lugar de nuestros “padres literarios”, como afirmábamos, no sin cierta pompa. No recuerdo quién fue el de la idea, pero de inmediato estuvimos de acuerdo. Comenzaríamos por escribir textos breves, que en su parquedad y concisión llevaran al lector a poner en tela de juicio su realidad, asomándolo a un precipicio en el que cayeran todas las convenciones y expectativas. Recuerdo que pasé toda la noche intentando encontrar las palabras, buscando darles una forma que fuese precisa y sugerente al mismo tiempo. Cuando llegó el amanecer, ya había terminado mi cuento y, con no poco orgullo, pensé que muy difícilmente él escribiría uno mejor, así que me senté a fumar un cigarrillo. Por eso, cuando entró en mi habitación, con ese gesto que no supe cómo interpretar, me dije de inmediato que no solamente había escrito un cuento infinitamente mejor que el mío sino que en aquel cuento yo perdería mis ganas de seguir escribiendo. Era una línea, una sola puta línea que me extendió no sin algo de desprecio: “Esta noche que no me espere tu madre”.
Imaginación infantil
.......... Fue Pablo quien comenzó poco antes del anochecer. Afuera, en el medio de la oscuridad, nos esperaba una bestia feroz, de garras enormes y pesadas, de fauces sanguinarias dispuestas a comer a todos los niños. Se dio cuenta de que había ido demasiado lejos cuando nos escuchó llorar. Entonces nos dijo que no fuéramos tontos, que era una broma, que solamente había querido asustarnos. Como nos vio escépticos, nos dijo que ya nos mostraría que no había nada que temer. Entonces, abrió la puerta y salió de la casa. Todavía seguimos esperándolo mientras escuchamos el ulular imprevisible y salvaje de la noche entrar por la chimenea.
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El escritor peruano, residente en Francia, Félix Terrones, ha tenido la gentileza de mandarme estos dos formidables cuentos inéditos. Mira su blog, La tierra prometida; o mira, si te apetece, estas páginas de La nave de los locos: Félix Terrones I, Félix Terrones II; o ésta otra de Letralia, para que te hagas una idea del grosor intelectual del personaje.
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Terrones Félix
miércoles, 23 de mayo de 2012
Sin título (Eduardo Mazo)
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Desde que me dejaste
no te has ido.
.no te has ido.
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De su libro, Autorizado a vivir,(Autoedición, Barcelona, 1984, pág.17)
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Mazo Eduardo
martes, 22 de mayo de 2012
Giro copernicano (Juan Yanes)
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A Juan Rodolfo Wilcock
y su Sinagoga de los iconoclastas
.y su Sinagoga de los iconoclastas
............... El 24 de mayo de 1543, al dar un giro copernicano de 180 grados, Nicolás Copérnico, que era precisamente el inventor de los giros copernicanos, perdió el equilibrio y cayó irremisiblemente al fondo de un abismo. Años después, un discípulo suyo, el asistente de astrónomo Domenico de Novara, queriendo emular al maestro en lo referente al giro copernicano, tomó impulso, giro de forma espectacular 360 grados y quedó clavado en el suelo en el mismo sitio del que había partido con el culo totalmente pelado por efecto del frotamiento tan vigoroso contra el pavimento y la rotación a la que había sido sometido. Con estos antecedentes, cada vez que algún epígono de Copérnico alude al famoso giro, evita, por lo general, dar saltos y se limita a hace un impreciso gesto en el aire con el dedo índice, girándolo en torno a una imaginaria esfera.
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Yanes Juan
lunes, 21 de mayo de 2012
La mala noticia (Ana Beltrán)
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............... En un rincón de la cafetería que está junto al mercado, sentada delante de una taza de café, una pálida joven mira a la calle a través de los cristales del ancho ventanal, por el que se divisa una amplia avenida. El sol luce en el cielo azul y acaricia tibiamente los árboles, que se han ido quedando desnudos por el influjo del otoño inmediato. Los rayos que proyecta, aunque tímidos, hacen brillar las pocas hojas que aún quedan asidas a las ramas, acentuando su hermoso color rorado. Pero la muchacha no ve el regalo que en horas tan tempranas le ofrece la naturaleza: sus ojos de color miel están empañados por las lágrimas. Con mano temblorosa acaricia la taza, sin darse cuenta de que el aromático líquido se ha ido enfriando lentamente. Sobre la mesa, el periódico del día, abierto por la página de sucesos.
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El cuento de la tinerfeña Ana Beltrán, está tomado del libro colectivo de Gloria Atar, Nuria Neida, Paquita Fernández, Carmen Toral y la propia Ana Beltrán, Ellas cuentan (Ediciones Idea, Santa Cruz de Tenerife, 2009, pág. 43).
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............... En un rincón de la cafetería que está junto al mercado, sentada delante de una taza de café, una pálida joven mira a la calle a través de los cristales del ancho ventanal, por el que se divisa una amplia avenida. El sol luce en el cielo azul y acaricia tibiamente los árboles, que se han ido quedando desnudos por el influjo del otoño inmediato. Los rayos que proyecta, aunque tímidos, hacen brillar las pocas hojas que aún quedan asidas a las ramas, acentuando su hermoso color rorado. Pero la muchacha no ve el regalo que en horas tan tempranas le ofrece la naturaleza: sus ojos de color miel están empañados por las lágrimas. Con mano temblorosa acaricia la taza, sin darse cuenta de que el aromático líquido se ha ido enfriando lentamente. Sobre la mesa, el periódico del día, abierto por la página de sucesos.
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El cuento de la tinerfeña Ana Beltrán, está tomado del libro colectivo de Gloria Atar, Nuria Neida, Paquita Fernández, Carmen Toral y la propia Ana Beltrán, Ellas cuentan (Ediciones Idea, Santa Cruz de Tenerife, 2009, pág. 43).
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Beltrán Ana
domingo, 20 de mayo de 2012
Ley (Rafael Pérez Estrada)
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Tomado de Refael Pérez Estrada. Antología de breve ficción. Selección y prólogo de Guillermo Samperio (Editorial Berenice, Córdoba, España, 2010, pág. 126).
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Newton: La gente que come manzana cae más aprisa
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Tomado de Refael Pérez Estrada. Antología de breve ficción. Selección y prólogo de Guillermo Samperio (Editorial Berenice, Córdoba, España, 2010, pág. 126).
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Perez Estrada Rafael
viernes, 18 de mayo de 2012
Recuerdos (Cristina Colmena)
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Tomado del libro de Cristina Colmena, La amabilidad de los extraños (Editorial C&M, Sevilla, 2009, pág. 39).
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.......... No quieren escucharme cuando les hablo de ti. Parece que les molesta. Me doy cuenta de que me esquivan cuando te nombro, de repente todos tienen mucha prisa, y se van. Supongo que, de alguna manera les incomodas, o quizás soy yo, que les resulto aburrida siempre con la misma historia. Así que no tengo a nadie a quien contarle nuestras cosas, con quien recordarte. Y me da miedo olvidar, no quiero que desaparezcas. Sé que no se puede vivir de la nostalgia, pero ahora tan sólo es eso lo que me queda. Recuerdos. Todas aquellas cosas que no pararon entre nosotros. Las palabras que no nos dijimos, las noches que no dormimos juntos, el viaje que no hicimos a Lisboa… Esas fotografías en las que nos abrazábamos y sonreíamos, y que nunca se hicieron. Me hacen falta, no podría vivir sin ellas. Por eso repito siempre las mismas mentiras, describo a la perfección nuestra casa, el traje de novia, tu nariz aguileña, tu sonrisa. Confío en que algún día por fin engañaré a la memoria, y sabré que es cierto, que ocurrió, que alguna vez fuimos felices. Quizá, por fin me olvide de todo, y empiece a recordar lo que tendría que haber sido. Quizás, el alzheimer.
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Tomado del libro de Cristina Colmena, La amabilidad de los extraños (Editorial C&M, Sevilla, 2009, pág. 39).
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Colmena Cristina
jueves, 17 de mayo de 2012
Viajeros (David Ruiz)
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Tomado del sorprendente libro de David Ruiz, Manual para coyotes (Menoscuarto Ediciones, Palencia, España, 2012, págs. 61 y 62). Visita su blog: davidruiz.eu/blog.
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Sand Hills, Nebraska, Marzo de 1867
Šu ka Bloká
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Šu ka Bloká
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………. Vemos a sus familias, arrinconadas por la miseria, la peste o la ruina. Les vemos encomendarse al dios de la cruz y juntar las manos, arrodillados en la tiniebla. Les vemos abandonar sus hogares centenarios y cruzar sus países verdes y grises, lluviosos y remotos. Les vemos embarcar en grandes veleros y cruzar el otro océano, y padecer la locura del mundo sin tierra, las tempestades y hambrunas, los naufragios y motines. Contemplamos a los supervivientes llegar a puertos grandes y nuevos, sucios y apestados, y vemos cómo nuevas ciudades que son como las viejas que dejaron atrás, les despojan de los pocos bienes que aún les quedan con promesas de humo y mentiras doradas. Les vemos enrolarse en caravanas infinitas y cruzar praderas y vadear ríos acosados por los lobos y los bandoleros. Escuchamos el eco de los disparos que los azuzan y los hieren, y les vemos caer por precipicios y morir de frío presos en la nieve de los pasos de montaña. A los que llegan, a los que sobreviven a los océanos, las praderas, las montañas y el desierto, los esperamos aquí, oteando hacia el este el infinito de las llanuras que se extienden a nuestros pies. Y cuando vemos el humo de sus campamentos y escuchamos el lejano relincho de sus bestias de carga empuñamos nuestros rifles y nuestros arcos y partimos a su encuentro.
………. .Y los matamos.………. Y en la noche bebemos su sangre aún caliente, y cruzamos el mundo y vemos lo que vieron, cabalgamos sus almas desde ellos hasta nosotros, que aullamos a la luna, les rendimos homenaje y les rendimos, viviendo de nuevo sus vidas, no dejando sus almas huérfanas del recuerdo mientras sus cuerpos, rotos y vencidos, se pudren en la llanura.
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Tomado del sorprendente libro de David Ruiz, Manual para coyotes (Menoscuarto Ediciones, Palencia, España, 2012, págs. 61 y 62). Visita su blog: davidruiz.eu/blog.
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Ruiz David
miércoles, 16 de mayo de 2012
Altos de Hermigua (Juan Yanes)
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.......... Tardé tres días en llegar al caserío de los Altos de Hermigua. El último tramo era tan pendiente que tuvimos que hacerlo en mulo. Andábamos entre brumas por una escarpa de fayas y brezos, hasta que por fin llegamos a la casa en medio del monte. Entonces bajó el miedo, hilillos de viento gimiendo que se descolgaban de la cumbre y lenguas de niebla que cambiaban de forma y se movían caprichosamente sin parar. Durante toda la noche permanecí acurrucada detrás de la ventana. Decenas de pupilas se movían fuera, en la oscuridad. Pensé que serían ánimas en pena o bandadas de corujos que venían a por mí. Al amanecer pude ver que aquellas pupilas eran los candiles de la gente pobre del monte que había bajado a dar la bienvenida a la nueva maestra, que era yo. Allí estaban sentados debajo de la ventana y me traían gallinas y conejos y papas, guarapo, queso, higos porretos, almogrote, leche, huevos, tafor y miel de palma.
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Yanes Juan
martes, 15 de mayo de 2012
Preludio para la sienta de un buzo (Ángel Olgoso)
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………. —¿Y tu hermano? —preguntó la madre alarmada.
………. —Sirope se ha ahogado en el río.
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Tomado del libro de Olgoso, Los líquenes del sueño (Relatos 1980-1995) (Tropos Editores, Zaragoza, España, 2010, págs. 59-60).
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………. Las sombras temblaban dulcemente entre el espesor de la hierba y los relámpagos azules del agua relajaban el intenso calor de aquellas horas en el río. Sirope y Ananás, desnudos, chapoteaban, esprintaban, hacían la plancha, se perseguían contra corriente, se lanzaban de cabeza a la transparente superficie sin una salpicadura, se peleaban jadeantes, cazaban tábanos, ranas, y cangrejos. Sirope y Ananás, eran gemelos. Dos niños físicamente idénticos. Pero no se les quería del mismo modo. Ananás era un golfillo triunfador, en la escuela, con los amigos, con la familia. Sirope, por el contrario, se sentía extraño, solo, torpe y empequeñecido, excepto cuando bajaba al río a bañarse con su hermano y ambos llevaban los sombreros de cowboy y se tumbaban sobre la espalda masticando finos tallos de junco, entonces se sentía libre, fuerte, poderoso. De pronto vio que Ananás era tragado por el agua en una zona en la que nunca se habían atrevido a internarse, posiblemente fangosa y con varios metros de profundidad. Ananás manoteaba desesperado intentando gritar, pero antes de que Sirope pudiera reaccionar, en unos segundos, su hermano se fue al fondo tras un último gorgoteo.
………. Los rayos solares caían oblicuos cuando Sirope, tiritando, goteante, los brazos caídos a los lados y la cabeza baja, entrón en la casa.………. —¿Y tu hermano? —preguntó la madre alarmada.
………. —Sirope se ha ahogado en el río.
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Tomado del libro de Olgoso, Los líquenes del sueño (Relatos 1980-1995) (Tropos Editores, Zaragoza, España, 2010, págs. 59-60).
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Olgoso Ángel
lunes, 14 de mayo de 2012
La abuelita roja (Huilo Ruales Hualca)
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………. Cuando nació la niña, los perros dóberman negro-azulados tuvieron que mudarse al patio. Nadie les explicó. Trataron de botar las puertas para volver a su territorio: la sala, la alfombra, los cuartos, la cocina y, sobre todo, el dormitorio para seguir pernoctando al pie de los amos. Lloraron humanamente. Rechazaron la comida. Se enfermaron. Una ocasión oyeron al amo que si continuaban así tendría que envenenarlos porque la niña. Y repentinamente dejaron de aullar: fingieron juguetear como dos críos, fingieron comer con apetito, fingieron dormir en el patio como si fuera la cama.
………. Llegó el día en que la madre tuvo que reintegrarse a su trabajo, y la niña y la casa quedaron bajo el cuidado de la abuela. Los perros movieron la cola. La anciana les preparó pastelitos y to-to-to los llamó al umbral de la puerta trasera. Desde su aparente siesta se dispararon como saetas, pasaron por encima de la abuela y entraron en la casa. La anciana lloró, gritó, se dijo entre hipos que eso le pasaba por desobediente, golpeó la puerta hasta lastimarse los nudillos. Al fin, optó por romper un vidrio con la escoba. Rasgándose la ropa y magullándose, se encaramó por el ventanal, desbarató con sollozos el doloroso silencio que encontró en la casa y corrió hacia la cuna. La niña, tranquila, esperó que el horror se configurara en la cara de la abuela, y como intuyó lo que iría a preguntarle al respecto de su boca, respondió: para comerte mejor, abuelita.
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Tomado del asombroso libro de Huilo Ruales Hualca, Esmog. 100 grageas para morir de pie (Eskeletra Editorial, Quito, 2006, págs. 29 a 31). Libro que ha tenido la gentileza de mandarme mi amigo Diego Maenza desde Ecuador, una vez que se enteró del asombro que nos causaba a muchos la lectura de algunos textos perdidos de Huilo Ruales. Gracias. En este blog hay algunos publicados, pincha AQUÍ. Los perritos de la foto creo que son lobos feroces, como el lobo de Gubia, el terrible lobo. No encontré dobermán de mirada amenazadora.
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………. Cuando nació la niña, los perros dóberman negro-azulados tuvieron que mudarse al patio. Nadie les explicó. Trataron de botar las puertas para volver a su territorio: la sala, la alfombra, los cuartos, la cocina y, sobre todo, el dormitorio para seguir pernoctando al pie de los amos. Lloraron humanamente. Rechazaron la comida. Se enfermaron. Una ocasión oyeron al amo que si continuaban así tendría que envenenarlos porque la niña. Y repentinamente dejaron de aullar: fingieron juguetear como dos críos, fingieron comer con apetito, fingieron dormir en el patio como si fuera la cama.
………. Llegó el día en que la madre tuvo que reintegrarse a su trabajo, y la niña y la casa quedaron bajo el cuidado de la abuela. Los perros movieron la cola. La anciana les preparó pastelitos y to-to-to los llamó al umbral de la puerta trasera. Desde su aparente siesta se dispararon como saetas, pasaron por encima de la abuela y entraron en la casa. La anciana lloró, gritó, se dijo entre hipos que eso le pasaba por desobediente, golpeó la puerta hasta lastimarse los nudillos. Al fin, optó por romper un vidrio con la escoba. Rasgándose la ropa y magullándose, se encaramó por el ventanal, desbarató con sollozos el doloroso silencio que encontró en la casa y corrió hacia la cuna. La niña, tranquila, esperó que el horror se configurara en la cara de la abuela, y como intuyó lo que iría a preguntarle al respecto de su boca, respondió: para comerte mejor, abuelita.
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Tomado del asombroso libro de Huilo Ruales Hualca, Esmog. 100 grageas para morir de pie (Eskeletra Editorial, Quito, 2006, págs. 29 a 31). Libro que ha tenido la gentileza de mandarme mi amigo Diego Maenza desde Ecuador, una vez que se enteró del asombro que nos causaba a muchos la lectura de algunos textos perdidos de Huilo Ruales. Gracias. En este blog hay algunos publicados, pincha AQUÍ. Los perritos de la foto creo que son lobos feroces, como el lobo de Gubia, el terrible lobo. No encontré dobermán de mirada amenazadora.
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Ruales Hualca Huilo
domingo, 13 de mayo de 2012
La mani (Estalindo Lamar)
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Leo en la prensa que “con una hora de retraso, la manifestación partía a las 17.00 horas de forma pacífica desde la sede de la Autoridad Portuaria en dirección a la Plaza que está en frente del Cabildo”. Esa misma mañana había estado yo en la recoba comprando acelgas de forma pacífica. Cuando las compro de forma violente, imagínense: ruedan los cestos de nabos por todos sitios, zanahorias, papas y batatas y se forma la de Dios. Me percaté de que todas las mujeres de las flores vendían hermosos ramos de calas y lo hacían, curiosamente, de manera pacífica también. La pescadería estaba de bote en bote y todo el mundo compraba pacíficamente. Luego fui al banco, donde pacíficamente me roban el dinero, hice unas gestiones y me largué a toda prisa por el tufillo ese mafioso que se respira. A la salida me encontré con mi amiga Pili en estado catatónico, totalmente pacífico por otra parte, y me contó que se había quedado en paro y que la habían desahuciado por no poder hacer frente a la hipoteca. Escuché por la radio que el gobierno autónomo había celebrado un consejo que había trascurrido de manera pacífica. ¡Vaya!, me dije, la cosa a nivel superestructural e infraestructural está suave. Todo hacía prever que la manifestación de las 17.00 sería también un acontecimiento pacífico, como así fue. En este país el único al que le va la marcha es al ministro del interior (imposible saber cómo se llama ese pureto malhumorado con corbata que escupe amenazas constantemente) y a los maderos, que los entrenan para eso, y que forman parte de los aparatos represivos del Estado como decía Louis Althusser, cuya vida fue un desgarro. Pero de eso, mejor, les hablo otro día.
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Esto me lo ha mandodo Estalinda a mi Android Whatsapp (que no sé muy bien lo que es pero queda estupendo decirlo), con el siguiente comentario: "A lo largo de mi vida he asistido a cientos de manifestaciones. Ninguna de ellas fue violenta, ni se gritaba a favor de la violencia, muy al contrario decenas de esas manifestaciones eran de solidaridad o pidiendo el cese de alguna guerra. La única violencia que recuerdo es la de la policía cuando desde las instancias del poder les daban la orden de molernos a palos".
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Leo en la prensa que “con una hora de retraso, la manifestación partía a las 17.00 horas de forma pacífica desde la sede de la Autoridad Portuaria en dirección a la Plaza que está en frente del Cabildo”. Esa misma mañana había estado yo en la recoba comprando acelgas de forma pacífica. Cuando las compro de forma violente, imagínense: ruedan los cestos de nabos por todos sitios, zanahorias, papas y batatas y se forma la de Dios. Me percaté de que todas las mujeres de las flores vendían hermosos ramos de calas y lo hacían, curiosamente, de manera pacífica también. La pescadería estaba de bote en bote y todo el mundo compraba pacíficamente. Luego fui al banco, donde pacíficamente me roban el dinero, hice unas gestiones y me largué a toda prisa por el tufillo ese mafioso que se respira. A la salida me encontré con mi amiga Pili en estado catatónico, totalmente pacífico por otra parte, y me contó que se había quedado en paro y que la habían desahuciado por no poder hacer frente a la hipoteca. Escuché por la radio que el gobierno autónomo había celebrado un consejo que había trascurrido de manera pacífica. ¡Vaya!, me dije, la cosa a nivel superestructural e infraestructural está suave. Todo hacía prever que la manifestación de las 17.00 sería también un acontecimiento pacífico, como así fue. En este país el único al que le va la marcha es al ministro del interior (imposible saber cómo se llama ese pureto malhumorado con corbata que escupe amenazas constantemente) y a los maderos, que los entrenan para eso, y que forman parte de los aparatos represivos del Estado como decía Louis Althusser, cuya vida fue un desgarro. Pero de eso, mejor, les hablo otro día.
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Esto me lo ha mandodo Estalinda a mi Android Whatsapp (que no sé muy bien lo que es pero queda estupendo decirlo), con el siguiente comentario: "A lo largo de mi vida he asistido a cientos de manifestaciones. Ninguna de ellas fue violenta, ni se gritaba a favor de la violencia, muy al contrario decenas de esas manifestaciones eran de solidaridad o pidiendo el cese de alguna guerra. La única violencia que recuerdo es la de la policía cuando desde las instancias del poder les daban la orden de molernos a palos".
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Lamar Estalinda
sábado, 12 de mayo de 2012
viernes, 11 de mayo de 2012
Justo y el ángel (Ángel Zapata)
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….. Justo me dice que no haga caso. Me dice que haga como si no le viera. «Tú, ni caso», me dice Justo. Me insiste en que el precio del piso ha sido una ganga. Y en que el ángel de la anunciación, con sus bucles dorados y sus alas de nieve, se cansará algún día de aparecerse a las doce, junto a la máquina de coser, y llamarme «bendita entre las mujeres».
….. —A ti qué más te da lo que te llame —me dice Justo—. Tú piensa en que este piso tiene un balcón hermoso, Antonia; y en que está bien comunicado.
….. Eso me dice.
….. —Bendita tú entre las mujeres —me dice el ángel todos los días.
….. Y a pesar de sus bucles dorados y sus alas de nieve, yo me pongo roja como una manzana, porque me lo dice con mucha intención.
….. —Tú ni caso —me insiste Justo.
….. Y entre Justo y el ángel van a volverme loca.
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Tomado del libro de Ángel Zapata, Las buenas intenciones y otros cuentos (Editorial Páginas de Espuma, Madrid, 2011, pág. 19).
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….. Justo me dice que no haga caso. Me dice que haga como si no le viera. «Tú, ni caso», me dice Justo. Me insiste en que el precio del piso ha sido una ganga. Y en que el ángel de la anunciación, con sus bucles dorados y sus alas de nieve, se cansará algún día de aparecerse a las doce, junto a la máquina de coser, y llamarme «bendita entre las mujeres».
….. —A ti qué más te da lo que te llame —me dice Justo—. Tú piensa en que este piso tiene un balcón hermoso, Antonia; y en que está bien comunicado.
….. Eso me dice.
….. —Bendita tú entre las mujeres —me dice el ángel todos los días.
….. Y a pesar de sus bucles dorados y sus alas de nieve, yo me pongo roja como una manzana, porque me lo dice con mucha intención.
….. —Tú ni caso —me insiste Justo.
….. Y entre Justo y el ángel van a volverme loca.
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Tomado del libro de Ángel Zapata, Las buenas intenciones y otros cuentos (Editorial Páginas de Espuma, Madrid, 2011, pág. 19).
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Zapata Ángel
jueves, 10 de mayo de 2012
Album (Alberto Chimal)
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Este cuento implacable de mexicano Alberto Chimal, lo he tomado de Siete. Los mejores relatos de Alberto Chimal, edición y prólogo de Antonio Jiménez Morato (Editorial Salto de Página, Madrid, 2012, págs. 61 y 62).
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............... La cara de su madre. La muñeca que arrojó por la ventana. El libro que quemó. La pecera que vació en la sala. La muñeca a la que arrancó las piernas. Su primer psiquiatra. El tazón con el que golpeó a su madre. Su niñera poco antes de marcharse. Su abuela materna poco antes de marcharse. Su padre poco antes de marcharse. La cara de su madre. El gato al que metió en el horno. Su segundo psiquiatra. Su primer kinder. El niño al que pateó. Su tercer psiquiatra. La trenza cortada de su compañera. El rincón en el que estuvo castigada. La cara cortada de su compañera. Su cuarto psiquiatra. Su segundo kinder. El perro al que destripó. La silla a la que fue atada. El brazo en cabestrillo de su madre. El brazo en cabestrillo de su maestra. El brazo en cabestrillo de su quinto psiquiatra. Su tercer kinder. El niño que la golpeó. Un trozo de la oreja del niño que la golpeó. Su cuarto kinder. La denuncia en su contra. El bolso de su madre. El director de la primaria que no quiso admitirla. La cara de su madre. El director de la segunda primaria que no quiso admitirla. La tarjeta de débito de su madre. El director de la primaria que aceptó admitirla. La niña a la que trató de ahogar en un excusado. La niña a la que empujó por las escaleras. La carta en su contra de los padres de sus compañeros. La cara de su madre. Un hombro desnudo de su madre. El director de la segunda primaria que aceptó admitirla. El suéter de su compañero desaparecido. El cuerpo de su compañero desaparecido. La cara de su madre. La patrulla que fue a buscarla. La cara de su madre. El autobús que abordó con su madre. El primer motel donde durmió con su madre. El incendio del primer motel donde durmió con su madre. El boletín con la foto de su madre. La cara de su madre. El segundo motel donde durmió con su madre. El bebé que resistió tres días en el cuarto donde durmió con su madre. La cara de su madre. El tercer motel donde durmió. El teléfono que su madre trató de usar. La cara de su madre. Un ojo de su madre. La lengua de su madre. El otro ojo de su madre. El coche del hombre que la recogió en la carretera. La primera comentarista que habló de ella en la televisión. El coche del segundo hombre que la recogió en la carretera.
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Este cuento implacable de mexicano Alberto Chimal, lo he tomado de Siete. Los mejores relatos de Alberto Chimal, edición y prólogo de Antonio Jiménez Morato (Editorial Salto de Página, Madrid, 2012, págs. 61 y 62).
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Chimal Alberto
miércoles, 9 de mayo de 2012
A medias (Ildiko Nassr)
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..... Desde el único rincón iluminado de la casa, el hombre construye minuciosos castillos (no de arena, sino de palabras).
..... Le ha pedido a la mujer que ya no use esos zapatos ruidosos y ella camina sigilosa acarreando lo necesario para complacerlo: bebidas, cigarros, hojas, lapiceras…
..... —Es un buen hombre, después de todo —se consuela la mujer descalza—. Algún día mi amor lo hará cambiar.
..... El hombre pasa días y noches planificando y ordenando su pequeño mundo luminoso en la casa oscura.
..... No mira a la mujer ni duerme con ella. Pero sabe de su amor. Eso lo hace sentir seguro. Ya la compensará cuando termine su obra maestra.
..... La vida oscila entre la rutina y el silencio durante un tiempo que no podemos contar ni entender.
..... Una tarde el corazón del hombre dice basta. La mujer no avisa a nadie. Son tan pocos los amigos y ya ningún pariente los visita. Saca a su hombre del rincón y lo lleva a la cama a dormir juntos, creyendo que su deseo se hizo realidad, a medias.
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versión libre sobre un texto de David Slodky
..... Desde el único rincón iluminado de la casa, el hombre construye minuciosos castillos (no de arena, sino de palabras).
..... Le ha pedido a la mujer que ya no use esos zapatos ruidosos y ella camina sigilosa acarreando lo necesario para complacerlo: bebidas, cigarros, hojas, lapiceras…
..... —Es un buen hombre, después de todo —se consuela la mujer descalza—. Algún día mi amor lo hará cambiar.
..... El hombre pasa días y noches planificando y ordenando su pequeño mundo luminoso en la casa oscura.
..... No mira a la mujer ni duerme con ella. Pero sabe de su amor. Eso lo hace sentir seguro. Ya la compensará cuando termine su obra maestra.
..... La vida oscila entre la rutina y el silencio durante un tiempo que no podemos contar ni entender.
..... Una tarde el corazón del hombre dice basta. La mujer no avisa a nadie. Son tan pocos los amigos y ya ningún pariente los visita. Saca a su hombre del rincón y lo lleva a la cama a dormir juntos, creyendo que su deseo se hizo realidad, a medias.
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Ildiko Nassr, me ha mandado este extraordinario cuento. Se lo agradezco vivamente.
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Nassr Ildiko Valeria
martes, 8 de mayo de 2012
Vive la grandeur! (David Roas)
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Tomado del libro de David Roas, Horrores cotidianos (Menoscuarto Ediciones, Palencia, España, 2007, pág. 103).
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….. En el último segundo de su vida, cuando la hoja de la guillotina había seccionado limpiamente su cuello y su cabeza, separada del tronco, caía lentamente en el cesto, René Pétomain, líder de los Carbonarios Asexuados de Orléans, tuvo una gloriosa erección.
….. —¡Joder! —pensó en ese último momento de lucidez (quizás el único) —, así que era esto….
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Tomado del libro de David Roas, Horrores cotidianos (Menoscuarto Ediciones, Palencia, España, 2007, pág. 103).
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Roas David
lunes, 7 de mayo de 2012
Decálogo del concursante consuetudinario (y probablemente ultramarino) (Fernando Iwasaki)
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Marcelo Aurelio, Nocturama
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Decálogo del concursante consuetudinario (y probablemente ultramarino)
Fernando Iwasaki
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I
Los cuentos que envíes a los concursos nunca serán importantes para la historia de la literatura. En realidad, ni siquiera para la literatura.
II
Firma siempre con seudónimos femeninos, pero que sean sugerentes. Jamás explícitos. El recato atrae más.
III
Escribe un cuento que sea como una «célula madre» literaria que puedas clonar para cada concurso. No te preocupes. Los clones siempre salen mejores que el original.
IV
Describe escenas pastoriles cuando el premio lo convoque una gran ciudad (cabras triscando aspidistras por Barcelona, amapolas en la Castellana madrileña o lecherías en el centro de Valencia), pero crea una atmósfera cosmopolita cuando el concurso sea de pueblo (el Down Town de Higuera de la Sierra, los vernisages de Manzaneda de Omaña o el delicioso Dry Martini de los pubs de Guarromán).
V
Los templarios no funciona en los cuentos. Solamente en las novelas. No te confundas de premio.
VI
Si tus personajes van a estar divorciados, procura que el divorcio se haya producido antes de que comience el cuento. La gente ya lo está pasando muy mal para que encima tú sólo escribas sobre problemas. Además, cuatro de cada cinco miembros de jurados literarios están divorciados o les falta poco.
VII
La identidad nacional es muy importante. Pero no la tuya, sino la del municipio, el ateneo o la caja de ahorros que convoca el premio. En caso de duda, escribe sobre Nueva York. Nunca falla.
VIII
No trates de impresionar a nadie, pues todos los jurados han leído a Joyce, Mann, Faulkner, Proust y Nabokov. Últimamente están leyendo también a Paul Auster. No obstante, si quieres parecerles un marciano, cita a Jardiel, Conqueiro, Camba y Wenceslao. En una de esas, cuela.
IX
Aunque es cierto que la finalidad de la literatura no es decir la verdad sino narrar algo verosímil, la vida cotidiana está colmada de numerosos sucesos inverosímiles sobre los que nadie quiere escribir para no parecer oligofrénico. No permitas que la coherencia de la ficción te impida narrar la esperpéntica realidad.
X
A la hora de concursar recuerda siempre las palabras del viejo Groucho: «Los grandes éxitos los obtienen los libros de cocina, los volúmenes de teología, los manuales de “cómo hacer…” y los refritos de la Guerra Civil».
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Tomado de Fernando Iwasaki, España, aparta de mí estos premios (Editorial Páginas de Espuma, Madrid, 2009, págs. 155 a 157).
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Marcelo Aurelio, Nocturama
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Decálogo del concursante consuetudinario (y probablemente ultramarino)
Fernando Iwasaki
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I
Los cuentos que envíes a los concursos nunca serán importantes para la historia de la literatura. En realidad, ni siquiera para la literatura.
II
Firma siempre con seudónimos femeninos, pero que sean sugerentes. Jamás explícitos. El recato atrae más.
III
Escribe un cuento que sea como una «célula madre» literaria que puedas clonar para cada concurso. No te preocupes. Los clones siempre salen mejores que el original.
IV
Describe escenas pastoriles cuando el premio lo convoque una gran ciudad (cabras triscando aspidistras por Barcelona, amapolas en la Castellana madrileña o lecherías en el centro de Valencia), pero crea una atmósfera cosmopolita cuando el concurso sea de pueblo (el Down Town de Higuera de la Sierra, los vernisages de Manzaneda de Omaña o el delicioso Dry Martini de los pubs de Guarromán).
V
Los templarios no funciona en los cuentos. Solamente en las novelas. No te confundas de premio.
VI
Si tus personajes van a estar divorciados, procura que el divorcio se haya producido antes de que comience el cuento. La gente ya lo está pasando muy mal para que encima tú sólo escribas sobre problemas. Además, cuatro de cada cinco miembros de jurados literarios están divorciados o les falta poco.
VII
La identidad nacional es muy importante. Pero no la tuya, sino la del municipio, el ateneo o la caja de ahorros que convoca el premio. En caso de duda, escribe sobre Nueva York. Nunca falla.
VIII
No trates de impresionar a nadie, pues todos los jurados han leído a Joyce, Mann, Faulkner, Proust y Nabokov. Últimamente están leyendo también a Paul Auster. No obstante, si quieres parecerles un marciano, cita a Jardiel, Conqueiro, Camba y Wenceslao. En una de esas, cuela.
IX
Aunque es cierto que la finalidad de la literatura no es decir la verdad sino narrar algo verosímil, la vida cotidiana está colmada de numerosos sucesos inverosímiles sobre los que nadie quiere escribir para no parecer oligofrénico. No permitas que la coherencia de la ficción te impida narrar la esperpéntica realidad.
X
A la hora de concursar recuerda siempre las palabras del viejo Groucho: «Los grandes éxitos los obtienen los libros de cocina, los volúmenes de teología, los manuales de “cómo hacer…” y los refritos de la Guerra Civil».
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Tomado de Fernando Iwasaki, España, aparta de mí estos premios (Editorial Páginas de Espuma, Madrid, 2009, págs. 155 a 157).
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Decálogos,
Iwasaki Fernando
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